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Una nota puede llenar una habitación, pero después de algunos encuentros con el arpa, surge la curiosidad: ¿qué sigue? ¿Cómo construir una melodía que tenga un principio y un final? ¿Cómo evitar que los sonidos posteriores se fusionen en una sola nube? ¿Y cómo conseguir ese sonido suave y cantor que se crea cuando se toca con la mano húmeda?